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Por una visita, una sonrisa.

2/12/16

A mi yo de ayer.

Me acuerdo mucho de ti. 
No hay un solo día en el que me mire al espejo y no quisiera volver a vivir todo lo que tú aún no has vivido pero con todo lo que sé y con todo lo que soy ahora. Pero así no es como funciona la vida. Por eso, he decidido contarte esto:

No hay tiempo. Parece que sí, que te queda toda una vida por delante, pero el tiempo se esfuma, se escapa entre tus dedos, corre cada vez que pestañeas. Por eso no tengas miedo. Lánzate a hacer eso que realmente quieres hacer, sin importar si fallas o no. Lucha apasionadamente por lo que crees. Sé fiel a tu instinto. Créeme que nunca falla. Confia en ti, al fin y al cabo nadie te conoce mejor que tú misma. 

No te culpabilices por las cosas que no puedes controlar. Habrá miles de situaciones que no pararás de preguntarte por qué ocurren, y lo peor de todo, culparte por no poder solucionarlas. Hay preguntas que nunca serán respondidas. No estaba en tus manos. No es tu culpa. 

Esto me lleva a decirte que todo se supera. Todo. Y te lo digo porque ya lo he superado, ya lo has superado. Ten claro que no consiste en olvidar las cosas, sino en aprender a vivir con ellas. Puedes recordarlas, revivirlas, pero nunca estancarte. Hay cosas que costarán, si te soy sincera, hay cosas con las que aún sigo trabajando. Pero nunca te rindas porque cada día es un regalo y te deparará algo distinto. 

La felicidad nunca es una constante. Asi que aprende a vivir también las malas épocas, porque es en esos momentos cuando más te necesitarás a ti misma y cuando más fuerte tendrás que ser. Afortunadamente tienes quien te apoye, pero recuerda que el problema es tuyo y tú tienes que ser quien salga de él. 

Aprende también a estar sola. Los amores y los amigos vienen y van, los que te quieren también te dañarán. Puede parecer una tontería, pero tienes que saber que tú misma eres la única persona que va estar el resto de tu vida contigo. Asi que procura acostarte con la consciencia limpia y el corazón lleno. Tu felicidad no depende de nadie.

Piensa antes de hablar, pero, cuando hables, hazlo siempre desde el corazón. No tomes decisiones en los malos momentos o cuando estás enfadada. Di más veces "no". Sin miedo, sin vergüenza. Di más veces "te quiero". Porque cuando estés a 4000 km de casa será lo único que extrañes oir y decir. Porque cuando alguien ya no esté, lamentarás no haberselo dicho más a menudo. Acuérdate también de que siempre hay un momento para decir "lo siento". Nadie ha muerto por reconocer sus errores.

No soy quien quieres ser. Ni mejor ni peor, solo distinta. Soy el resultado de tus errores, pero también de tus triunfos. Asi que vive, disfruta, quiérete y viaja. Sobre todo viaja. 


13/11/16

"Entre vienes y voy"

Ha pasado tanto tiempo desde la primera vez...
Días que avanzan sin sinfonía. Simplemente como si le hubieran arrebatado el sonido a la vida. Stand by. Cada recuerdo, más lejos. Pero te sigo teniendo muy presente. Tan presente que aún siento tu labios rozando mi cuello, aún oigo tu risa en mi cabeza. Como un fantasma que no me deja avanzar, que me atormenta con volver; a sabiendas de que es lo único que necesito y quiero. 

Ha llovido tanto desde entonces...Lágrimas, risas, momentos compartidos con otras personas, otros abrazos, otras manos recorriendo nuestros cuerpos, otras camas. Pero aquí sigues, desgarrando mi alma, mientras sangra hasta que no puedo respirar más. Hasta que me ahogo entre recuerdos y estúpidos sentimientos de culpabilidad. Guardamos este amor en fotografías, entre libros llenos de polvo. Y es que, por muy idiota que me sienta, no me arrepiento absolutamente de nada. 

Entre «vienes» y «voy», entre «ni contigo ni sin ti», entre besos y lágrimas. Porque me sacas de mis casillas y al mismo tiempo te amo con todo lo que soy y con todo lo que jamás seré. Porque te odio y al mismo tiempo daría mi vida por ti. Y eso es muy egoísta, por mi parte y por la tuya. Así no llegamos a nada. Pero, ¿cómo explicarle al mundo que, a pesar de que puedo, no quiero vivir sin volverte a ver? ¿Sin volver a escuchar tu voz pronunciando mi nombre? 

Siempre estaremos en la cuerda floja, con el extremo derecho deshilachado y el izquierdo en tensión.



2/11/16

Millones de razones.

Descalza. Déjate la piel, deja los sueños, deja incluso los recuerdos. Desnuda. Camina despacio. Siente el frío erizando cada centímetro de tu cuerpo. Siente el sol calentando tu piel. Ama lo que odias y odia lo que amas. Vive el contraste. Recomponte pero no te olvides de que estás rota. Deja que tus labios se agrieten. Deja que te arda el alma. Deja de ser tú para encontrarte a ti misma. Despójate. De prejuicios, de normas, de sueños imposibles, de metas inalcanzables. Pero también quítate los valores, tus principios. Porque todo proviene del mismo lugar. Todo, absolutamente todo lo que eres, de lo que estás orgullosa y de lo que te avergüenzas, nació en el mismo punto, en la misma semilla. Asi que vive. Vive desnuda, con el pelo suelto, el alma vacía, el corazón roto y la mente abierta.

Porque solo podrás brillar cuando aceptes tu parte más oscura.


1/5/16

Los ojos le ardían. Estaban cansados de derramar lágrimas; de retener recuerdos e imágenes que su mente quería olvidar. Estaban hartos de observar mudos y verla sufrir. Una decepción tras otra, continuamente, pasando incluso más rápidas que la propia vida. Sus iris habían perdido todo el color y se sumían en un marrón tierra. Infértil, silenciosa, muerta. Sus pupilas ya no tenían ese brillo que hacía esconderse a la Luna, que la hacían morirse de envidia. Sus mejillas seguían sonrojadas, pero ya no era el amor lo que las ruborizaba. Era el exceso de sal que rodaba río abajo por su cara, marcando la piel con largos zurcos que morían entre sus labios o desaparecían en su barbilla. La misma sal que deshidrataba su corazón y secaba sus labios, que pedían a gritos, ambos, un último beso. 

¿De qué le había servido todo lo que había aprendido acerca del amor? Fallos, caídas, decepciones que tatuaban continuamente su corazón con agujas cuyo dolor nunca olvidaría. No era masoquista, simplemente creía en él. Y por eso le daba tantas oportunidades. Y, por eso, él le trataba tan mal.  


17/8/14

El sol quemaba las piedras, sin embargo, una ligera brisa conseguía apaciguar el calor. La arena negra se filtraba entre montones de pequeñas rocas. Resplandecía el cielo con un azul celeste hermoso, contrastando en el horizonte con el azul oscuro del mar. Era de esos lugares que te hacen plantearte si quieres abandonarlo todo y permanecer allí para siempre.
Estabas enrollada en la toalla sentada sobre una piedra, con el pelo rubio suelto, cayendo como una catarata por tus hombros y tu espalda. Él estaba al lado tuyo, con su impecable rostro observando el mar acariciar la arena y con su cabello castaño envuelto en pequeñas gotas de agua.
Lo quieres tanto...Incluso así, callados y sin tocarse, te sentías bien, protegida. Estás segura que, aunque no supieras qué ocurriría en el futuro, él sería ese chico al que nunca olvidarías y que a pesar de todo siempre le querrías. Sin embargo de repente se sentiste vulnerable, como un pez que se deja llevar por la marea sin poder nadar a contracorriente. Había un sabor amargo en el aire, un olor ácido que predecía que algo malo ocurriría.
Entonces, el cielo dejó de ser tan azul y viste nubes donde antes no había, la bola anaranjada que constituía el sol disminuyó su brillo y el ruido de las olas golpeando (y no acariciando) las rocas te recordó que sólo era una melancólica y monótona escena más. El aire era espeso y cargado y al respirar te quemaba la garganta y la nariz. Pero no era el lugar el causante de todo aquello. Él simplemente era un observador de la situación. La culpable de que realmente te doliese hasta el alma era la eternidad. Sí, la eternidad. La imposible, única y simplemente fantástica eternidad que no existía. Era darte cuenta de que no podrías permanecer para siempre así, acurrucada en su hombro, hablando con él, besándole y sintiendo su cuerpo en conjunción con el tuyo. Era como abrir los ojos y saber que lo que está ocurriendo ahora ya es pasado. Era casi una necesidad. Te sentiste vulnerable porque no podías conservarle eternamente. No había religión que pudiese explicar eso, ni medicamento capaz de apaciguar el sentimiento. Él era tu morfina, tu mejor droga, y como tales era tu bien y tu mal.


Pero eso no era lo único que ocurría.
También era una despedida anticipada. Un muy dolorosa despedida.